1
Soy sirvienta, señores míos,
no paro de lavar copas todo el día;
si me dan un penique,
yo muchas gracias doy.
Y mis sucios harapos vean ustedes,
y este sórdido hotel.
¡Y no saben quién es esta muchacha!
Pero cierta noche en el puerto habrá gritos,
y preguntarán:
“¿Sabes tú qué pasará?”.
Y en silencio sonreiré junto a mis copas,
y dirán:
“¿De qué se sonreirá?”.
Y un navío velero
con cincuenta cañones
en el puerto está.
2
“Vete a lavar, hija mía”
—repiten sin cesar—; “Y las camas tiende”,
y el penique me dan.
Las camas se tenderán,
pero yo pienso:
“¿Para qué tenderlas si ninguno dormirá?”.
¡Y no saben todavía quién soy!
Pero cierta noche en el puerto habrá ruidos,
y preguntarán:
“¿Sabes tú qué pasará?”.
Y verán cómo me acerco a mi ventana, y dirán:
“¿De qué se sonreirá?”.
Y un novio velero
con cincuenta cañones
ataca sin piedad.
3
Centenares de hombres bien pronto han de bajar
furtivamente a la ciudad.
Entonces en las casas entrarán.
Llegarán aquí,
mirarán, me verán
y dirán:
“¿A cuántos quiere usted que matemos?”.
Mientras pienso me sonreiré,
contemplando sin cesar
miedo y terror.
Y sin lástima
diré muy alto: “¡Todos!”.
Y cuando cada cabeza caiga, exclamaré: “¡Hop!”
Y el novio velero
con cincuenta cañones
me lleva de aquí,
La ópera de los dos centavos, Bertolt Brecht
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